Las autoridades colombianas redoblan los esfuerzos por localizar a las cientos de personas desaparecidas tras el potente terremoto de magnitud 7,4 que sacudió la región cafetera y el occidente del país este lunes 13 de agosto. El último balance oficial elevó la cifra de víctimas fatales a 281 fallecidos, más de 3.900 heridos y un preocupante total de 379 desaparecidos bajo montañas de escombros. Equipos de rescate continúan trabajando en ciudades devastadas como Pereira y Cali, aunque las posibilidades de hallar sobrevivientes se desvanecen conforme avanza el tiempo desde la fase crítica.
Conclusión de la búsqueda y emergencia económica
David Tamayo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), reconoció que "la probabilidad de encontrar sobrevivientes se va agotando", pero insistió en que no se descansará hasta dar un parte final o recuperar los cuerpos. Con el paso de las primeras 72 horas, plazo a partir del cual caen drásticamente las probabilidades de supervivencia, ya se percibe el olor a putrefacción en las zonas más afectadas. Ante la magnitud de la tragedia, que destruyó más de 10.000 viviendas y dejó a familias enteras a la intemperie, el presidente Abelardo De La Espriella decretó una "emergencia económica" para modificar presupuestos.
Impacto social en Cali y Pereira
En Cali, parques y calles se han transformado en campamentos de emergencia. María del Carmen Rodríguez, de 72 años, perdió su apartamento tras ahorrar toda la vida por él; ahora comparte noches calurosas con su esposo en una cancha de fútbol mientras espera respuestas sobre reubicación. La solidaridad ha mitigado parcialmente la escasez: miles llevan agua y alimentos, y voluntarios rescatan mascotas como el gato Pólux para aliviar un "trauma colectivo". Sin embargo, las réplicas y los daños estructurales complican las labores de rescate en Pereira.
Contexto geopolítico del desastre
El epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, en el Chocó, región pobre donde ya terminó la fase de búsqueda. Las autoridades han solicitado a grupos armados permitir el ingreso de ayuda gubernamental. El presidente De La Espriella ha sido cuestionado por estrechar relaciones con Israel y por una supuesta negativa inicial a recibir ayuda humanitaria de gobiernos alejados políticamente; solo se aceptaron rescatistas de EE.UU., El Salvador, Ecuador e Israel.