Quito registra la tasa más alta de muertes por siniestros de tránsito en Sudamérica, una situación que expertos internacionales califican como crítica y urgente. Según los datos presentados por Diego Vargas, asesor regional de Vital Strategies —socio de Bloomberg Philanthropies para la Seguridad Vial Mundial—, la capital ecuatoriana cierra cada año con cerca de 300 fallecimientos en el sitio del siniestro. Sin embargo, esta cifra representa solo una fracción de la realidad, ya que no incluye a los pacientes que mueren posteriormente en hospitales debido a sus lesiones.
La magnitud oculta del problema vial
Vargas explica que Quito y Ecuador carecen de un sistema integrado para registrar las muertes posteriores al accidente. A diferencia de ciudades como Buenos Aires o Bogotá, donde existe una trazabilidad robusta de los fallecimientos hospitalarios, en la capital ecuatoriana este vacío estadístico oculta la magnitud real del problema. Al aplicar metodologías de otras capitales latinoamericanas con sistemas de medición consolidados, el número real de muertes podría multiplicarse entre 1,5 y 2 veces, situándose cerca de los 500 fallecidos anuales.
"Mientras no se intervenga en ese factor [el exceso de velocidad], difícilmente se puede retroceder la curva", afirma Vargas sobre las causas estructurales del problema vial en Quito
Datos alarmantes y comparación regional
La situación actual coloca a Ecuador en el tercer lugar de América Latina en muertes por siniestros viales por cada 100.000 habitantes, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con datos de 2023 basado en cifras de 2021. Solo Haití y República Dominicana superan a Ecuador en esta medición regional. Dentro del continente sudamericano, el país ocupa el primer lugar.
Las tasas de Quito y Guayaquil se acercan a las de Cali pero duplican las de Bogotá o São Paulo, y cuadruplican las de Buenos Aires, la ciudad con mejor desempeño que promedia entre 4 y 5 muertes por cada 100.000 habitantes. Con el ajuste por muertes hospitalarias, Quito alcanzaría una tasa alarmante de entre 14 y 15 fallecimientos por cada 100.000 habitantes.
El exceso de velocidad como factor determinante
La estadística del visor de Data Vial registró en 2025 una tasa de 10,4 basada únicamente en los reportes policiales levantados en el lugar del siniestro. Vargas atribuye esta cifra a la combinación de factores: exceso de velocidad, conducción bajo efectos del alcohol y falta de uso del cinturón o casco. Un elemento clave es que Quito mantiene límites legales de hasta 70 kilómetros por hora en algunos sectores urbanos, superando la recomendación de la OMS de un máximo de 50 km.
La evidencia científica indica que el exceso de velocidad mata independientemente de la distancia recorrida. En trayectos cortos típicos de Quito (promedio de cinco kilómetros), no se gana tiempo significativo al exceder los límites, a diferencia de lo observado en Bogotá donde apenas se ganan 40 segundos.
Lecciones aplicables desde el modelo bogotano
Bogotá atravesó un proceso similar y logró reducir sus muertes anuales de cerca de 1.000 a menos de 500 mediante la implementación de medidas estrictas contra la velocidad, iniciadas en 2017 con apoyo técnico posterior. La ciudad colombiana invirtió inicialmente en transporte público y aceras más amplias; sin embargo, el cambio decisivo llegó cuando se atacó directamente el acceso a la velocidad.
Hoy, toda la malla vial de Bogotá opera a 50 kilómetros por hora e incluye diseño urbano como los "resaltos parabólicos" (de origen danés), que permiten cruzar a esa velocidad sin frenados bruscos pero hacen saltar al vehículo si se supera el límite. Vargas sostiene que Quito necesita dar ese salto: implementar límites más bajos, mejorar la infraestructura vial y contar con decisión política e institucional para sostener estas medidas en el tiempo.