La carrera presidencial en Colombia comienza a definir sus contornos con un dato que ha sacudido el panorama político del vecino país: la senadora Paloma Valencia, del partido Centro Democrático, registró un salto significativo en las encuestas de intención de voto, pasando del 4% al 16%, lo que la posiciona como una de las figuras más relevantes de cara a los comicios presidenciales de 2026.
El ascenso de Valencia, una de las voces más críticas del gobierno de Gustavo Petro, refleja el creciente descontento de amplios sectores de la sociedad colombiana con la gestión del mandatario de izquierda, cuya administración ha estado marcada por controversias políticas, dificultades económicas y un manejo cuestionado de la seguridad.
Un ascenso meteórico en las mediciones
Las cifras resultan contundentes. En apenas semanas, Paloma Valencia cuadruplicó su intención de voto, un repunte que analistas colombianos atribuyen a varios factores convergentes: su postura firme frente al gobierno Petro, su discurso centrado en seguridad y libre mercado, y el desgaste natural de una administración que no ha logrado cumplir buena parte de sus promesas electorales.
Valencia, de 47 años, ha construido su carrera política dentro del Centro Democrático, el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe. Su perfil combina una formación académica sólida —es politóloga con estudios de posgrado— con una trayectoria legislativa que le ha dado visibilidad nacional como opositora articulada y consistente.
El salto del 4% al 16% no es un fenómeno menor en el contexto colombiano, donde la fragmentación política suele dispersar el voto entre múltiples candidatos. Liderar las encuestas en esta etapa temprana le otorga una ventaja estratégica en términos de financiamiento, cobertura mediática y capacidad de articular alianzas.
El factor Petro y el giro a la derecha en la región
El crecimiento de Valencia no puede entenderse sin analizar el contexto más amplio. El gobierno de Gustavo Petro atraviesa una de sus etapas más complicadas, con niveles de desaprobación que, según diversas encuestadoras colombianas, superan el 60%. Las reformas impulsadas por el Ejecutivo colombiano —particularmente en materia de salud, pensiones y política agraria— han generado fuerte resistencia tanto en el Congreso como en la opinión pública.
A esto se suma un deterioro en la percepción de seguridad. La política de "paz total" promovida por Petro, que busca negociaciones simultáneas con múltiples grupos armados, ha sido criticada por sectores que consideran que ha debilitado la posición del Estado frente al crimen organizado y las disidencias guerrilleras.
En este escenario, el discurso de Valencia, centrado en el fortalecimiento institucional, la mano dura contra el narcotráfico y la promoción de un modelo económico favorable a la inversión privada, encuentra terreno fértil. Su propuesta se alinea, además, con una tendencia regional que ha visto el fortalecimiento de opciones de centro-derecha y derecha en varios países de América Latina, incluido Ecuador bajo el liderazgo del presidente Daniel Noboa.
Implicaciones para Ecuador y la región
Para Ecuador, el devenir político colombiano tiene una relevancia directa. Colombia es el principal vecino del norte, con una frontera compartida de más de 700 kilómetros que constituye un corredor crítico en materia de seguridad, comercio y migración. La orientación ideológica del gobierno en Bogotá incide directamente en la cooperación bilateral contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
Un eventual giro hacia la derecha en Colombia podría facilitar una mayor coordinación en materia de seguridad con el gobierno de Noboa, cuya política de mano firme contra las bandas criminales ha sido uno de los ejes centrales de su administración. Durante el gobierno de Petro, la relación bilateral ha tenido momentos de tensión, particularmente en lo referente al manejo de la frontera común y las estrategias antinarcóticos.
Además, un cambio de gobierno en Colombia hacia posiciones favorables al libre mercado podría dinamizar el comercio bilateral y abrir oportunidades para la integración económica regional, en línea con las políticas de apertura que impulsa el Ejecutivo ecuatoriano.
Un camino largo por recorrer
No obstante, los analistas advierten que las elecciones presidenciales colombianas aún están distantes y que las encuestas en esta fase temprana son volátiles. Valencia enfrenta desafíos significativos: deberá consolidar el apoyo dentro de su propio partido, construir una coalición amplia que trascienda la base uribista tradicional y resistir el desgaste de una campaña prolongada.
Otros posibles candidatos, tanto de la derecha como del centro político, podrían emerger en los próximos meses y disputarle el liderazgo en las encuestas. La historia electoral colombiana está llena de ejemplos de candidatos que lideraron tempranamente las mediciones para luego perder fuerza ante nuevas figuras o coyunturas imprevistas.
Lo que resulta innegable es que el ascenso de Paloma Valencia constituye una señal clara del ánimo político que prevalece en Colombia: un electorado fatigado con el experimento de izquierda de Petro y cada vez más inclinado a buscar alternativas que prioricen la seguridad, la estabilidad económica y un modelo de desarrollo basado en la iniciativa privada y la inversión extranjera.
Para la región, y particularmente para Ecuador, el desenlace de esta carrera presidencial será determinante en la configuración del mapa geopolítico sudamericano de los próximos años.