La confirmación de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha sacudido el panorama de la seguridad regional y abierto un debate urgente sobre las lecciones que Ecuador puede extraer de la experiencia mexicana en su propia batalla contra las organizaciones criminales transnacionales.
El Mencho, considerado uno de los narcotraficantes más peligrosos del mundo y con una recompensa de hasta 10 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Estado de Estados Unidos, encabezaba una organización cuyas ramificaciones se extendían por toda América Latina, incluido Ecuador, donde el CJNG ha sido señalado como uno de los cárteles con mayor influencia en las redes de tráfico de cocaína.
Ecuador como eslabón clave del narcotráfico transnacional
La crisis de seguridad que vive Ecuador no puede entenderse sin analizar el contexto del crimen organizado transnacional. El país sudamericano funciona como un punto logístico estratégico para el narcotráfico, gracias a su ubicación geográfica privilegiada entre los principales países productores de cocaína —Colombia y Perú— y las rutas marítimas hacia Norteamérica, Europa y Asia.
Las estructuras criminales internacionales, entre ellas el CJNG y el Cártel de Sinaloa, han expandido sus operaciones en territorio ecuatoriano, estableciendo alianzas con bandas locales como Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones. Esta penetración ha convertido a ciudades como Guayaquil, Esmeraldas y Durán en escenarios de una violencia que hasta hace pocos años era impensable en el país.
La muerte de El Mencho, lejos de significar el fin de la amenaza, podría desencadenar una fragmentación del CJNG que genere disputas internas por el control de rutas y territorios, un fenómeno que México ha experimentado repetidamente y que invariablemente se traduce en un incremento de la violencia.
Las lecciones de la experiencia mexicana
México lleva más de dos décadas enfrentando al crimen organizado con resultados mixtos. La estrategia de descabezamiento —eliminar o capturar a los líderes de los cárteles— ha demostrado ser un arma de doble filo. Si bien debilita temporalmente a las organizaciones, también provoca la atomización de los grupos criminales y el surgimiento de nuevas facciones aún más violentas.
El caso del CJNG es emblemático. El propio cártel nació como una escisión del Cártel de Sinaloa tras la captura y muerte de diversos líderes. La historia demuestra que la caída de una cabeza criminal no resuelve el problema estructural si no se atienden las causas de fondo: pobreza, corrupción institucional, lavado de activos y debilidad del sistema judicial.
Para Ecuador, esta experiencia resulta particularmente relevante. El gobierno de Daniel Noboa ha adoptado una política de mano dura contra el crimen organizado, declarando el conflicto armado interno en enero de 2024 y desplegando a las Fuerzas Armadas en operaciones conjuntas con la Policía Nacional. Esta decisión, respaldada mayoritariamente por la ciudadanía, ha permitido golpes operativos importantes contra las bandas criminales.
Sin embargo, la lección mexicana indica que la estrategia militar debe complementarse con el fortalecimiento institucional, la reforma del sistema penitenciario, el combate al lavado de activos y la cooperación internacional efectiva.
El impacto en el turismo y la economía
Uno de los efectos colaterales más devastadores de la violencia criminal es su impacto en el sector turístico. México, pese a ser uno de los destinos más visitados del mundo, ha visto cómo regiones enteras han sido estigmatizadas por la inseguridad, afectando a comunidades que dependen económicamente del turismo.
Ecuador enfrenta un desafío similar. La percepción de inseguridad ha golpeado al sector turístico nacional, que representa una fuente vital de ingresos y empleo. Destinos emblemáticos como Galápagos, la Costa ecuatoriana y centros históricos como Quito y Cuenca requieren un entorno de seguridad estable para mantener su atractivo internacional.
El gobierno de Noboa ha entendido esta conexión entre seguridad y desarrollo económico. Las operaciones de control territorial no solo buscan reducir los índices de homicidios y extorsión, sino también restaurar la confianza de los inversores y turistas extranjeros en Ecuador como un destino seguro y atractivo para los negocios.
La estrategia integral como camino a seguir
La muerte de El Mencho constituye un recordatorio de que el crimen organizado transnacional es una amenaza que trasciende fronteras y requiere respuestas coordinadas. Ecuador ha dado pasos firmes en la dirección correcta al fortalecer la cooperación con Estados Unidos, Colombia y otros países de la región en materia de inteligencia y operaciones antinarcóticos.
No obstante, los expertos en seguridad coinciden en que la estrategia debe ser integral. El combate frontal contra las bandas criminales —que el gobierno de Noboa ha ejecutado con determinación— necesita ir acompañado de políticas de prevención social, oportunidades económicas en las zonas más vulnerables y un sistema de justicia eficiente que garantice que los criminales capturados no regresen a las calles.
La experiencia mexicana demuestra que descabezar cárteles sin fortalecer las instituciones del Estado genera un ciclo de violencia difícil de romper. Ecuador tiene la oportunidad de aprender de esos errores y construir una estrategia de seguridad más robusta y sostenible.
El desafío es enorme, pero la voluntad política del Ejecutivo, combinada con el respaldo ciudadano y la cooperación internacional, ofrece una base sólida para enfrentar esta amenaza. La clave estará en mantener la firmeza contra el crimen organizado sin descuidar las reformas estructurales que impidan que nuevas generaciones de jóvenes ecuatorianos sean reclutadas por las redes del narcotráfico.
Ecuador observa con atención lo que ocurre en México. La muerte de El Mencho no es solo una noticia internacional: es una advertencia y, al mismo tiempo, una oportunidad para reafirmar el compromiso del país con una seguridad que sea, ante todo, integral y perdurable.