La crisis de incendios forestales en Canadá ha alcanzado proporciones sin precedentes, obligando al gobierno federal a declarar el estado de emergencia. Según las cifras más recientes del Centro Interinstitucional Canadiense de Incendios Forestales (CIFFC), registradas este viernes 17 de julio de 2026, existen 893 incendios activos en todo el territorio nacional, de los cuales 209 permanecen fuera de control. La inmensa mayoría de estos focos se concentran en la provincia de Ontario, donde las autoridades atribuyen la propagación acelerada a una combinación letal de temperaturas extremas, vientos fuertes y una sequía prolongada que ha desecado el suelo.
Movimiento militar y evacuaciones humanitarias
Ante la magnitud de la catástrofe, que superó la capacidad operativa de los cuerpos de bomberos locales, Ottawa declaró oficialmente la emergencia nacional el pasado miércoles 15 de julio. Esta decisión ha permitido la movilización inmediata de contingentes de las fuerzas armadas canadienses para apoyar y reforzar las labores de mitigación en las zonas más críticas. El drama humanitario se ha hecho especialmente visible en el norte de Ontario, donde decenas de familias pertenecientes a comunidades originarias (First Nations) han sido evacuadas de emergencia.
Imágenes virales captaron la huida desesperada de residentes que debieron abandonar sus poblados utilizando botes mientras las llamas rodeaban sus hogares. Linda Debassige, líder de la Nación Anishinabek, confirmó daños estructurales graves en viviendas y edificios comunitarios esenciales para el sustento local. La situación es tan crítica que, este viernes, las autoridades ordenaron adicionalmente la evacuación preventiva de una zona específica en el distrito de Thunder Bay ante el avance inminente del fuego.
Impacto transfronterizo y alertas sanitarias
Afortunadamente, hasta el momento no se han reportado víctimas mortales directas por los incendios en Ontario. Sin embargo, las columnas de humo generadas por la quema masiva de bosques boreales se desplazaron con fuerza hacia el sur, afectando a millones de personas en Estados Unidos. El Medio Oeste Superior y la región de los Grandes Lagos han sido particularmente impactados, manteniendo alertas de aire "peligroso".
En Nueva York, Michigan y Minnesota, el Índice de Calidad del Aire (AQI) alcanzó niveles calificados como insalubres por las autoridades sanitarias. La gobernadora Kathy Hochul ha mantenido vigente la alerta sanitaria en su estado e instado a la población a seguir rigurosamente los protocolos de emergencia para protegerse de la contaminación atmosférica, información confirmada por Primicias.
Contexto científico y cambio climático
Expertos como Laura Chasmer, profesora de geografía y medio ambiente de la Universidad de Western Ontario, explican que si bien estos incendios forman parte del ciclo natural del bosque boreal canadiense, existe un patrón alarmante en su intensidad. La especialista señala una asociación directa con el calentamiento climático extremo y la desecación atmosférica.
Según los datos científicos disponibles, la frecuencia y severidad de estos eventos se han incrementado de forma sostenida desde 2015. Un cambio geográfico notable observado por los investigadores indica que los focos, anteriormente concentrados en el oeste del país, ahora desplazan su epicentro hacia Ontario y Quebec, acercándose progresivamente a las principales zonas pobladas y aumentando la vulnerabilidad social ante desastres naturales.