En los primeros ocho meses de 2026, el planeta ha registrado diez terremotos con magnitud superior a 7 grados, incluyendo recientes eventos en Venezuela y Colombia. Ante la preocupación ciudadana por esta actividad sísmica concentrada, expertos del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) han emitido un comunicado técnico para aclarar que no existe relación causal entre estos sismos y el territorio ecuatoriano. El sismo Mario Ruiz, vicerrector encargado de Investigación de la EPN, y Hugo Yepes, exdirector del Instituto Geofísico, explican detalladamente por qué los movimientos en países vecinos son fenómenos aislados que no representan una amenaza inminente para Ecuador.
Estadísticas dentro de lo habitual
Mario Ruiz destaca que el número actual de sismos mayores a 7 grados se encuentra dentro del rango histórico normal. Según sus cifras, la producción mundial anual oscila entre 10 y 18 terremotos de magnitud 7 a 7.9, un promedio estable desde hace décadas. Hasta agosto de 2026, el conteo marca exactamente diez eventos, cifra que deja margen para el resto del año sin indicar una anomalía ni un incremento fuera de lo común en la energía sísmica liberada por el planeta.
Independencia geológica
Hugo Yepes aporta contexto técnico fundamental: los sismos recientes responden a mecanismos distintos. El terremoto de Venezuela corresponde a una falla transcurrente superficial (falla San Sebastián) donde se mueve la placa del Caribe hacia el este, liberando energía acumulada desde 1967. Por otro lado, el evento en Colombia es un 'terremoto de intraplaca' que ocurre a 110 kilómetros de profundidad debido al peso y fractura interna de la antigua placa de Nazca, información confirmada por El Diario.
Fuentes sísmicas propias
Ambos especialistas coinciden en que Ecuador posee fuentes sísmicas activas independientes. La principal es la zona de subducción (Esmeraldas hasta el sur de Colombia), responsable del sismo de 2016 y otros históricos como los de Bahía de Caráquez o Tumaco. Una segunda fuente son las fallas superficiales del bloque norandino, que atraviesan el Callejón Interandino. La preparación ante desastres debe ser una tarea permanente basada en estas realidades geológicas locales, no en reacciones a eventos externos sin vínculo causal.