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Quito repite inundaciones históricas: El Labrador y la geografía urbana
Datos de USFQ e Inamhi revelan que las lluvias intensas del norte colapsaron el drenaje en puntos críticos desde hace un siglo.
La ciudad de Quito volvió a enfrentar una crisis hídrica significativa el pasado 4 de octubre, cuando cayeron 52,2 milímetros de lluvia en la estación El Bosque, ubicada al norte del Distrito Metropolitano. Según los registros del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), este evento precipitó una masa de agua y escombros que colapsó el paso deprimido de El Labrador, inundando incluso la infraestructura asociada a la estación del Metro. Este incidente no representa un fenómeno nuevo: los datos históricos compilados por la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) confirman que este mismo punto ya se ha inundado en repetidas ocasiones entre 1998 y 2018, evidenciando una vulnerabilidad estructural recurrente.
La persistencia histórica del agua
El análisis de la base de datos climáticos de Quito, desarrollada por el proyecto Tomorrow’s Cities en colaboración con geógrafos como Pierre Peltre y Elisa Sevilla, revela que entre 1900 y 1988 se registraron 631 inundaciones documentadas en la prensa. Las zonas más afectadas históricamente han sido Chimbacalle (1965) y Lumbisí-Cumbayá (2009), eventos que dejaron un saldo trágico de cinco fallecidos cada uno. Sin embargo, el mapa de riesgo ha migrado con la expansión urbana: entre 1990 y 2020, las parroquias Iñaquito, San Juan, Belisario Quevedo y Jipijapa concentraron la mayor cantidad de registros.
Factores técnicos y geográficos
La explicación para estas recurrencias combina factores técnicos con una realidad geográfica ineludible. La Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps) detalló que, aunque se realizó la limpieza de sumideros el 21 de septiembre, la intensidad del aguacero generó una "masa helada" compuesta por granizo y hojarasca verde que selló las rejillas. Esta obstrucción superó la capacidad de evacuación de los colectores de alivio.
Elisa Sevilla, historiadora de la USFQ, explica que Quito se asienta en una meseta rodeada por el Pichincha y el Atacazo; toda esa agua drena hacia pocos pasos bajos. La expansión urbana ha duplicado la mancha de ciudad (de 160 km² en 1986 a 352 km² en 2020), reduciendo la capacidad del suelo para absorber el líquido y obligándolo a correr por las calles hasta encontrar puntos de estancamiento, tema que ya cubrimos en Lluvias intensas en Quito.
Un octubre crítico
Los datos meteorológicos confirman que octubre es un mes particularmente peligroso. Al ser una transición entre épocas secas y lluviosas, la combinación de energía solar matutina e ingreso de humedad del norte genera tormentas eléctricas y granizadas intensas en pocas horas. La Red Metropolitana de Monitoreo Atmosférico (Remmaq) ha documentado un aumento en las horas con al menos 10 mm de lluvia, especialmente en el norte y Tumbaco, lo que exige una gestión de riesgos más ágil ante la inminente temporada alta.