Quito debe priorizar gestión de riesgos ante lluvias intensas
El Municipio identifica zonas vulnerables; expertos exigen planificación técnica y transparencia presupuestaria para proteger a la ciudadanía.
Las intensas precipitaciones registradas en Quito durante las tardes del 4 y el 7 de octubre han puesto sobre la mesa una exigencia urgente para la capital: convertir la gestión del riesgo climático en una prioridad permanente. Los registros indican que en Cotocollao cayeron 76,3 milímetros de lluvia en un periodo de 24 horas, una cifra que superó los datos históricos acumulados desde el año 2004 para este mismo período. Sin embargo, es fundamental precisar que esta medición no constituye un récord absoluto y carece de sustento científico directo con el fenómeno El Niño, lo cual exige rigor en la información pública.
Planificación técnica sobre los registros históricos
Aunque los datos climáticos son relevantes para orientar las decisiones públicas, una ciudad moderna no puede organizar su seguridad basándose únicamente en la expectativa de que las próximas lluvias repetirán la frecuencia del pasado. El director del Centro de Operaciones de Emergencia ha comunicado previsiblemente precipitaciones superiores al promedio para noviembre, información basada en proyecciones del Inamhi y contextualizada por el cambio climático como factor determinante. Esta realidad obliga a incorporar escenarios futuros en la planificación urbana y no limitarse a reaccionar ante los eventos pasados.
Transparencia y resultados medibles
El Municipio de Quito ha identificado 321 barrios susceptibles a inundaciones y movimientos en masa, manteniendo un seguimiento estricto sobre 112 quebradas y ríos prioritarios. Si bien se reconoce el esfuerzo municipal con las 1.866 intervenciones realizadas desde junio, la rendición de cuentas debe trascender la mera contabilidad de obras para demostrar cuánto riesgo ha sido efectivamente reducido y qué puntos críticos permanecen pendientes. La ciudadanía requiere conocer con claridad qué acciones han corregido vulnerabilidades específicas y cuáles son los plazos reales para las soluciones estructurales, como publicó este diario en Lluvias intensas en Quito.
Coordinación interinstitucional necesaria
La prevención efectiva demanda una coordinación robusta entre planificación urbana, ambiente, obras públicas y gestión de riesgos. Casos como el ocurrido en Buenaventura de Chillogallo, donde el agua arrastró lodo desde microcuencas con suelo expuesto, evidencian que la capacidad de drenaje depende directamente de lo que sucede aguas arriba. La protección de las familias exige cuidar laderas, recuperar cobertura vegetal y evitar una ocupación desordenada del territorio que agrave la exposición al peligro.