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">El presidente Daniel Noboa salió al paso de las críticas el 9 de marzo de 2026 para aclarar que las operaciones de seguridad conjuntas con Estados Unidos que se desarrollan en territorio ecuatoriano no constituyen una intervención extranjera, sino un esquema de cooperación bilateral orientado a combatir el crimen organizado y el narcotráfico que azota al país.
Las declaraciones del mandatario se produjeron en un contexto de cuestionamientos por parte de sectores de oposición que han calificado la presencia de personal estadounidense como una vulneración a la soberanía nacional. Noboa fue enfático al señalar que Ecuador mantiene pleno control operativo y que la colaboración responde a acuerdos legítimos entre ambas naciones.
Cooperación estratégica frente a una amenaza transnacional
El jefe de Estado explicó que el narcotráfico y las organizaciones criminales que operan en Ecuador tienen ramificaciones internacionales que trascienden las fronteras nacionales. En ese sentido, enfrentar una amenaza de carácter transnacional exige respuestas coordinadas con potencias que disponen de capacidades tecnológicas, de inteligencia y logísticas superiores.
La cooperación con Estados Unidos incluye intercambio de información de inteligencia, asistencia técnica para las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, así como capacitación especializada en operaciones antinarcóticos. Estas líneas de trabajo se enmarcan en convenios bilaterales que han sido revisados y formalizados por las autoridades competentes de ambos países.
Noboa subrayó que ningún efectivo extranjero opera de manera autónoma en suelo ecuatoriano y que todas las acciones se ejecutan bajo el mando y la jurisdicción de las autoridades nacionales. "Ecuador no ha cedido ni cederá un milímetro de su soberanía. Lo que estamos haciendo es usar todas las herramientas disponibles para proteger a los ecuatorianos", señaló el mandatario según recogió Ecuavisa.
Respuesta a las críticas de la oposición
Diversos actores políticos, principalmente del correísmo y de sectores de izquierda, han manifestado su rechazo a la presencia de personal militar estadounidense en Ecuador. Los críticos argumentan que este tipo de esquemas comprometen la independencia del país y responden a intereses geopolíticos de Washington antes que a las necesidades reales de seguridad de la ciudadanía ecuatoriana.
Frente a estos señalamientos, el gobierno ha insistido en que la cooperación internacional en materia de seguridad es una práctica habitual entre naciones aliadas en todo el mundo. Países de América Latina como Colombia, Perú y México han mantenido durante décadas programas similares con Estados Unidos sin que ello implique subordinación política.
Desde el Ejecutivo se ha recordado además que Ecuador atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes, con organizaciones criminales vinculadas a carteles internacionales que han convertido al país en un punto estratégico para el tránsito y exportación de cocaína hacia mercados globales. Ante esta realidad, rechazar la asistencia de aliados internacionales sería, en palabras del propio Noboa, "irresponsable".
"No vamos a pedirle permiso a quienes gobernaron durante años y dejaron crecer al narco para que ahora nos digan cómo combatirlo. Cooperación no es intervención; intervención es dejar que los criminales se apoderen del país", afirmó el presidente.
El contexto de seguridad que justifica la estrategia
Desde la declaratoria de conflicto armado interno en enero de 2024, el gobierno de Noboa ha implementado una política de mano dura contra las bandas criminales que incluye operaciones militares en zonas urbanas, estados de excepción focalizados y el fortalecimiento de la presencia estatal en territorios controlados por grupos delictivos.
La cooperación con Estados Unidos se inscribe dentro de esta estrategia integral. Washington ha sido uno de los principales aliados de Quito en la lucha contra el narcotráfico, proporcionando recursos que han permitido la incautación de toneladas de droga y el desmantelamiento de redes logísticas del crimen organizado.
Analistas de seguridad consultados por medios nacionales coinciden en que la colaboración bilateral es no solo conveniente sino necesaria. Ecuador carece de la infraestructura tecnológica y de inteligencia suficiente para enfrentar por sí solo a organizaciones que disponen de recursos millonarios, armamento de guerra y conexiones con carteles mexicanos y colombianos.
Soberanía y pragmatismo: el equilibrio del gobierno
El discurso del presidente Noboa busca equilibrar dos dimensiones que históricamente han generado tensión en la política ecuatoriana: la defensa de la soberanía nacional y el pragmatismo en materia de seguridad. Mientras gobiernos anteriores, particularmente el de Rafael Correa, optaron por cerrar la cooperación militar con Washington —incluyendo la clausura de la base de Manta en 2009—, la administración actual apuesta por una relación más estrecha con Estados Unidos.
Este giro responde a una lectura diferente de la coyuntura. Para el gobierno de Noboa, la principal amenaza a la soberanía no proviene de la cooperación con una nación aliada, sino del control territorial que ejercen las bandas narcodelictivas en provincias como Guayas, Esmeraldas, Manabí y Los Ríos.
La postura del Ejecutivo cuenta con un respaldo significativo en la opinión pública. Encuestas recientes reflejan que la mayoría de los ecuatorianos aprueba la estrategia de seguridad del gobierno y ve con buenos ojos la cooperación internacional como mecanismo para recuperar la paz en el país.
En las próximas semanas, se espera que el gobierno presente mayores detalles sobre los alcances de los acuerdos con Washington, en un esfuerzo por transparentar la naturaleza de las operaciones conjuntas y desactivar las narrativas de la oposición que buscan capitalizar políticamente el tema de la soberanía.