Lecciones del Niño 98: El uso del suelo agrava inundaciones
Expertos de la UIDE analizan cómo la deforestación y la ocupación territorial intensificaron los desastres climáticos en Ecuador.
Las lluvias prolongadas asociadas al fenómeno El Niño de 1997 y 1998 provocaron inundaciones catastróficas en diversas cuencas hidrográficas ecuatorianas, un evento que hoy sirve como referencia para comprender la relación entre el clima y las características territoriales. Según expertos de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), la intensidad de las precipitaciones no explica por sí sola los impactos; factores críticos como la capacidad de absorción del suelo, la cobertura vegetal y la ocupación de zonas inundables determinan el nivel de riesgo para las poblaciones.
Interacción entre clima y territorio
David Benavides, director de la Escuela de Gestión de Riesgos de la UIDE, explica que El Niño modifica las condiciones oceánicas y atmosféricas del Pacífico. Sin embargo, su influencia varía según la ubicación geográfica, la topografía y las cuencas hidrográficas. Históricamente, los mayores impactos se han concentrado en la Costa y en las estribaciones occidentales de los Andes. Benavides señala que el riesgo surge de la interacción entre la amenaza climática, la exposición humana y la vulnerabilidad del territorio.
La saturación del suelo, el aumento de caudales y la insuficiencia del drenaje son condiciones clave para las inundaciones. A esto se suma la pérdida de cobertura vegetal y la ocupación de áreas donde el agua debería expandirse naturalmente durante las crecidas. Cecilia Puertas, bióloga y docente de la misma institución, coincide en que analizar un desastre requiere observar tanto el fenómeno climático como las actividades humanas.
Impacto de la deforestación y urbanización
Puertas detalla que los bosques interceptan lluvia y favorecen la infiltración. La eliminación de esta cobertura, especialmente en partes altas de cuencas hidrográficas, aumenta el agua superficial. Los suelos sin vegetación quedan expuestos a erosión, arrastrando lodo y rocas hacia los cauces durante las lluvias, según informamos en Cartas a Quito: La responsabilidad ciudadana frente al Fenómeno de El Niño.
En zonas urbanizadas, edificaciones y asfalto reducen la infiltración. Si el alcantarillado es insuficiente o está obstruido, se dificulta la evacuación del agua. La falta de mantenimiento y ocupación de quebradas agravan este problema. Benavides propone una gestión que incluya ordenamiento territorial, conservación de ecosistemas e infraestructura adecuada para reducir vulnerabilidades.