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La historia secreta de la Copa Mundial: robos, guerra y un perro héroe

La historia secreta de la Copa Mundial: robos, guerra y un perro héroe

El trofeo más codiciado del deporte sobrevivió a conflictos bélicos y hurtos antes de convertirse en el símbolo máximo del fútbol global.

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La Copa del Mundo de la FIFA, el máximo símbolo de la conquista deportiva global, esconde una historia que trasciende su brillo dorado. Fabricada con 6,175 kilogramos de oro macizo de 18 quilates y valorada entre 250.000 y 300.000 dólares por el precio del metal, esta pieza única ha sido testigo de episodios extraordinarios que la han convertido en una leyenda mundial. Desde su exposición temporal en Miami durante el Mundial 2026 hasta las disputas actuales entre selecciones como España o Argentina, el trofeo actual representa solo un capítulo en una saga centenaria marcada por conflictos y robos.

De la Segunda Guerra al robo legendario

La historia del fútbol mundial comenzó con el Trofeo Jules Rimet, entregado por primera vez en 1930. Diseñado por el escultor francés Abel Lafleur, esta copa de plata esterlina recubierta de oro pesaba 3,8 kilogramos y representaba a Niké, la diosa griega de la victoria. Durante la Segunda Guerra Mundial, ante el temor de que las tropas nazis o fascistas se apoderaran del trofeo mientras Italia era la campeona vigente, Ottorino Barassi, vicepresidente de la FIFA, lo escondió en secreto debajo de su cama dentro de una caja de zapatos en Roma. A pesar de los registros realizados por soldados alemanes, el tesoro permaneció a salvo.

El perro Pickles y la desaparición del oro

Décadas después, en 1966, el trofeo volvió a ser protagonista cuando fue robado en Londres antes de la final. La historia tomó un giro inesperado gracias a David Corbett y su border collie, Pickles, quien encontró el paquete envuelto junto a un automóvil. El perro se convirtió en héroe nacional, recibiendo alimento gratuito durante el resto de su vida. Sin embargo, el destino del trofeo original cambió drásticamente tras la victoria brasileña de 1970, que le dio derecho a conservarlo permanentemente.

Un nuevo diseño para una nueva era

En diciembre de 1983, ladrones sustrajeron el Trofeo Jules Rimet mientras estaba exhibido en Río de Janeiro. Aunque se investigó la participación del joyero Juan Carlos Hernández, nunca se encontraron restos de oro fundido, lo que ha llevado a historiadores a sospechar que fue vendido en el mercado negro. Desde 1984, Brasil conserva una réplica exacta entregada por la FIFA.

Tras este incidente, la organización convocó un concurso internacional donde el diseño del escultor italiano Silvio Gazzaniga resultó ganador. Entregado desde 1974, el trofeo actual mide 36,5 centímetros y es hueco para evitar que pese entre 70 y 80 kilogramos, permitiendo su levantamiento por los jugadores. Con una capacidad limitada para grabar nombres de campeones hasta la edición de 2038, este diseño mantiene viva la tradición del fútbol mundial mientras se prepara el terreno para futuras generaciones.