El trofeo de la Copa del Mundo, considerado el más valioso y codiciado del planeta deportivo, esconde una historia legendaria marcada por episodios bélicos, hurtos audaces y un rescate inusual. Fabricada con 6,175 kilogramos de oro macizo de 18 quilates, su valor intrínseco se estima entre 250.000 y 300.000 dólares; sin embargo, especialistas señalan que una eventual subasta podría alcanzar cifras millonarias debido a su importancia cultural única.
De la Segunda Guerra al rescate canino
La historia del trofeo original, el Trofeo Jules Rimet entregado por primera vez en 1930 y diseñado por Abel Lafleur, está marcada por la tensión de la Segunda Guerra Mundial. Ante el temor de que las tropas nazis o fascistas se apoderaran de la copa mientras Italia era la campeona vigente, Ottorino Barassi, vicepresidente de la FIFA, retiró secretamente el trofeo de un banco en Roma y lo escondió debajo de su cama dentro de una caja de zapatos. A pesar del registro realizado por soldados alemanes, el escondite permaneció intacto.
Décadas después, en 1966, la copa volvió a los titulares al ser robada en Londres antes del Mundial de Inglaterra. El caso generó un gran revuelo e incluso recibió exigencias anónimas de rescate por parte de Scotland Yard. La historia tomó un giro inesperado cuando David Corbett paseaba a su perro border collie, Pickles. El animal encontró el trofeo envuelto en periódicos junto a un automóvil y lo rescató, convirtiéndose en héroe nacional con derecho a alimento gratuito durante el resto de su vida.
Desaparición del original y nuevo diseño
Tras la victoria de Brasil en 1970, que le dio derecho a conservar permanentemente el Trofeo Jules Rimet, este fue exhibido en Río de Janeiro bajo protección antibalas. Sin embargo, en diciembre de 1983 ladrones sustrajeron la copa utilizando una palanca. Investigaciones policiales sugirieron que un joyero argentino fundió el oro, aunque nunca se hallaron restos con esa pureza; historiadores dudan esta versión y consideran probable que haya sido vendida al mercado negro.
Desde 1984, la Confederación Brasileña de Fútbol conserva una réplica exacta entregada por la FIFA. Tras la desaparición del original, se organizó un concurso internacional con 53 propuestas para crear el nuevo trofeo, ganado por Silvio Gazzaniga en 1974. Con 36,5 centímetros y anillos de malaquita verde, es hueco para evitar que pese entre 70 y 80 kilogramos.
El futuro del trofeo
Aunque el diseño actual permite grabar los nombres de las selecciones campeonas en su idioma original —como "Deutschland" o "Argentina"—, tiene un límite estructural. Los cálculos indican que solo habrá espacio para inscribir títulos hasta la edición de 2038; después, la FIFA deberá modificar el diseño o crear un tercer trofeo.