En el marco de la celebración del Día del Padre, tres capitanes del Cuerpo de Bomberos del Distrito Metropolitano de Quito han compartido sus vivencias personales sobre cómo concilian su vocación de riesgo con la crianza de sus hijos. Estos oficiales, quienes han atendido siniestros viales, incendios estructurales y desastres naturales como el terremoto de Manabí en 2016, explican que su labor trasciende la extinción de llamas para convertirse en un modelo de resiliencia y entrega ciudadana.
La vocación frente al riesgo cotidiano
Gabriel Rodríguez, jefe de la brigada de rescate, destaca el desafío constante de mantener el equilibrio entre la exigencia física y mental del trabajo y su rol familiar. Para él, cada salida representa una posibilidad de perder la vida por otros, un peso que se hace más ligero al saber que su hijo Matías lo admira profundamente. Desde los cuatro años, el menor ha mostrado interés en seguir sus pasos, incluso antes de comprender plenamente la gravedad de las emergencias.
“Mi hijo se encontraba en casa y con todo el grupo estábamos atendiendo a unas personas... Había una persona que falleció tratando de proteger a su hijo. Cuando logramos sacarlo, vimos que estaba protegiendo a su hijo”, relató Rodríguez tras recordar la tragedia del terremoto de 2016.
Este episodio marcó profundamente al capitán, quien reconoció el miedo inherente a la profesión pero también la gratitud por poder regresar sano y salvo para proteger a los suyos. La experiencia en el Centro Comercial Felipe Navarrete durante aquel sismo le dejó una enseñanza sobre la protección familiar que ahora transmite a su hijo.
El testimonio de Marco Quinatoa
Por su parte, Marco Quinatoa, jefe del Distrito Valle de los Chillos y padre de dos varones adolescentes (17 y 15 años), enfatiza la importancia de la comunicación honesta sobre el riesgo que implica ser bombero. A pesar de las horas extenuantes y la ausencia en momentos cotidianos, busca inculcar a sus hijos el valor del sacrificio por el bien común.
Quinatoa recuerda con emoción una emergencia atendida mientras vestía de civil en la vía Quito-Guayllabamba. Sus hijos menores presenciaron su intervención rápida para asistir a los heridos y aplaudieron no solo al padre, sino a la institución que representa. Esta aceptación familiar refuerza su compromiso institucional.
Un legado de servicio
Aunque sus hijos aún no han decidido seguir la carrera militar o paramilitar, reconocen el esfuerzo diario de sus padres. La narrativa del Cuerpo de Bomberos de Quito, bajo el lema “Seres comunes, haciendo cosas diferentes”, se refleja en estas familias que ven en el uniforme una herramienta de transformación social más allá de lo operativo.
Estos testimonios coinciden en que la profesión exige un alto costo emocional y físico, pero también otorga la satisfacción moral de haber salvado vidas. Para estos capitanes, el mayor logro no es solo extinguir incendios o rescatar personas, sino dejar a sus hijos una lección de integridad, coraje y amor incondicional por Ecuador.