El abogado millonario Abelardo De La Espriella se posesionó el viernes como nuevo presidente de Colombia, asumiendo la presidencia para un periodo de cuatro años en reemplazo de Gustavo Petro. La ceremonia tuvo lugar en Cali, ciudad del suroeste colombiano donde fue desplegado un importante dispositivo de seguridad que incluyó 11.000 militares y la activación de sistemas antidrones ante el contexto de violencia en la región. De La Espriella, quien también posee nacionalidad estadounidense y es identificado como aliado cercano del presidente Donald Trump, juró cumplir fielmente con la Constitución y las leyes colombianas.
Estrategia antinarcotráfica y alianza estratégica
El nuevo mandatario se comprometió a combatir con mano dura tanto a los grupos guerrilleros como al narcotráfico en el país, marcando un giro político significativo hacia la derecha internacional. En su discurso de posesión, De La Espriella afirmó: "Se acabó la corrupción y viene la prosperidad para el pueblo colombiano". Esta nueva etapa busca estrechar los lazos con Washington, rompiendo con las tensiones previas entre Petro y Trump. El presidente electo anunció que Colombia se relacionará como "nunca antes" con Estados Unidos, país cuyo jefe de Estado respaldó activamente su candidatura.
Medidas internas y contexto político
Dentro de sus primeras medidas anunciadas, De La Espriella prometió intensificar los bombardeos contra campamentos guerrilleros contando con el apoyo militar de Israel y Estados Unidos. Asimismo, anunció la construcción de megacárceles similares a las implementadas en El Salvador como parte de su estrategia de seguridad. En línea con este enfoque, planea cerrar la oficina presidencial de paz y la de derechos humanos para reducir el tamaño del Estado en un 40%. Además, confirmó que romperá relaciones diplomáticas con Nicaragua y Cuba.
Reacciones y contexto regional
Mientras se desarrollaba la investidura en Cali, Gustavo Petro abandonó la casa presidencial junto a su familia. El mandatario saliente desconoce el resultado electoral, denunciando un supuesto fraude sin respaldo de autoridades colombianas, e invitó a sus aliados a protestar pacíficamente en Bogotá y Barranquilla tras perder las elecciones por un margen menor al 1%. La seguridad fue reforzada debido a la advertencia del gobierno saliente sobre posibles actos de terrorismo. A la ceremonia asistieron jefes de Estado, delegados de la Casa Blanca liderados por el fiscal general estadounidense, cancilleres y representantes internacionales.